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La estandarización educacional en Chile: Alto al SIMCE

el maestro luchandoJorge Inzunza H.1, Mauricio Pino Y.2, Gonzalo Oyarzún3

La dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) dejó un legado que pervive hasta nuestros días. Esta herencia se expresó en la instalación de políticas educacionales orientadas por el ideario neoliberal defendido por los economistas formados en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago. Dentro de estas políticas destacan: la municipalización, la privatización, los subsidios portables (vouchers), la destrucción de los espacios de participación de profesores y estudiantes, y la creación de una prueba estandarizada –el Sistema de Medición de Calidad de la Educación (SIMCE)-. Las grandes movilizaciones estudiantiles desde 2006 reinstalaron un debate silenciado por los consensos de las elites políticas.

En particular, el SIMCE nació en 1988 para articularse dentro de la noción de mercantilización de la educación impuesta por la dictadura. Desde entonces, los gobiernos democráticos desde 1990 no sólo no modificaron esta inspiración, sino que la profundizaron. Desde 1995 los resultados de esta prueba estandarizada se hicieron públicos, elaborándose un ranking difundido en la prensa nacional. Así, el desprestigio a la educación pública promovido por la dictadura proseguía desde entonces con datos en apariencia “neutros” dados por el SIMCE. Las escuelas públicas que atendían a nuestra infancia y juventud más pobres eran castigadas simbólicamente figurando en los últimos lugares de los rankings. Las medidas de acción afirmativa no fueron suficientes para igualar los resultados, de hecho ellas fueron suspendidas, para dar paso a políticas de rendición de cuentas, bajo las cuales todas las escuelas son presionadas a alcanzar determinados rendimientos –marco fijado por la Ley de Subvención Escolar Preferencial de 2008-.

Las grandes movilizaciones de los estudiantes secundarios –la conocida Revolución de los Pingüinos de 2006- cuestionó la inequidad del sistema educacional chileno que se expresa en ámbitos como la infraestructura hasta las definiciones curriculares. La valentía de los estudiantes convocó a toda la sociedad chilena a situar a la educación como uno de los temas más relevantes de política pública. No obstante, la vigencia de los consensos de elites implicaron que las nuevas propuestas no se desmarcaran del marco neoliberal. Lo pensable como salida al conflicto manifestado por el estudiantado seguía estando en el marco de los acuerdos post-dictadura. En consecuencia, medidas positivas como el aumento de la inversión estatal en educación se desperfilaron cuando se distribuyeron sin beneficiar especialmente a la educación pública. Al mismo tiempo, la estandarización de la educación siguió siendo pensada como la principal estrategia del Estado para mejorar la calidad educacional. La presión, el estrés de docentes y estudiantes, y la individualización del fracaso escolar fueron potenciadas por la sobre medición.

El balance indica que en Chile se aplicaron 15 pruebas SIMCE en 2013 –en cinco niveles de la educación escolar, comenzando desde los 7 años de edad-, mientras se proyectan 17 para el 2014. Hoy pende sobre las escuelas chilenas la amenaza de cierre si no alcanzan determinados puntajes en estas pruebas estandarizadas –aspecto consignado en la Ley General de Educación de 2009-.

La clara funcionalidad de estas pruebas con un sistema educacional que se ha mercantilizado, fue analizada por un conjunto de estudiantes universitarios (doctorado, magíster y licenciatura), estudiantes secundarios, profesoras y profesores, organizaciones de padres y madres, llegando a la conclusión de que tenían que ser confrontadas. Es así como nació la Campaña Alto al SIMCE.

2) Alto al SIMCE: Sus primeros meses

SIMCE alto1

En primera instancia, la campaña estuvo enfocada en una difusión a través de las redes sociales y una página web, en las que se buscó, por una parte, difundir sucintamente diez razones que justificasen e instalasen un cuestionamiento profundo al SIMCE como instrumento de medición y, por otra, dar conocer y compartir más en detalle los efectos nocivos que esta prueba estandarizada ha generado en las comunidades educativas, recopilando testimonios y experiencias de apoderados, directores, profesores y estudiantes. Al mismo tiempo, se abrió se inició un fuerte trabajo con medios de comunicación, publicando cartas y columnas continuamente, y participando de conversaciones y entrevistas en radios.

A partir de la preocupación generalizada sobre las distorsiones que genera el SIMCE, se redactó la Carta Abierta por un Nuevo Sistema de Evaluación Educacional, a la cual adhirieron más de 150 investigadores y académicos en educación, destacando entre ellos tres premios nacionales de educación. La carta apuntó a la necesidad de denunciar al SIMCE como un instrumento funcional a la implementación de una política de responsabilización de resultados, en donde el temor – a ser castigados o a perder beneficios – se ha convertido en el motor del quehacer educativo. Estos investigadores consensuaron en la oponerse fuertemente a: la aplicación censal y anual del SIMCE, el uso de los datos para individualizar a las escuelas en forma pública, la vinculación de los datos del SIMCE con políticas de incentivo a resultados, los efectos reduccionistas del currículo, y el discurso con que se diseminan los resultados que busca asociar el SIMCE a calidad de la educación.

Tal como se encontró una gran adhesión a la campaña desde la academia, se fijaron lineamientos concretos para vincularse con diversas organizaciones sociales y gremiales, principalmente con la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), el Colegio de Profesores de Chile A.G., la UNESCO, la Asociación Metropolitana de Padres y Apoderados (AMDEPA), la Coordinadora de Padres y Apoderados por el Derecho a la Educación (CORPADE), y las dos organizaciones de estudiantes de escuelas secundarias más importante del país: la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) y la Coordinadora Nacional de Estudiantes (CONES). Estas últimas convocaron y llevaron adelante una de las acciones más mediáticas de la campaña: la funa al SIMCE4. Si bien sólo nueve establecimientos se sumaron a la iniciativa (entre ellos varias escuelas centenarias), este hecho marcó un precedente de organización, autonomía, e insurrección frente a políticas neoliberales que, según los mismos estudiantes, han tergiversado tan profundamente el sentido de la educación y colonizado ésta con lógicas y lenguajes propios del mundo corporativo.

En términos del debate público, la campaña logró un objetivo central: la desnaturalización o cuestionamiento del SIMCE. De igual forma, se consiguió dar cuenta del amplio consenso existente en cuanto a los efectos perniciosos que genera en la actualidad este instrumento. Por lo mismo, a partir de su problematización y progresiva deslegitimación, queda abierta la posibilidad de seguir articulando y convocando a los diversos actores del sistema educativo a hacerse parte de un debate nacional que replantee los métodos de medición y evaluación que se utilizan y su pertinencia con los fines educativos que se propenden. En específico, abordar el desafío de crear instrumentos de medición que se condigan con un nuevo paradigma que aborde la concepción de la educación como derecho social y la necesidad de construir herramientas que realmente retroalimenten los procesos formativos de los estudiantes.

3) Principios para un Nuevo Modelo de Evaluación para Chile

La campaña Alto al SIMCE ha sido capaz de develar un conjunto de limitaciones y peligros que existe al implementar un sistema de evaluación único y transversal de medición basada en pruebas estandarizadas con una lógica de rendición de cuentas. Estas se pueden agrupar en tres problemáticas centrales:

1) Distorsión Técnico pedagógica: Evidencia nacional e internacional sobre este tipo de pruebas estandarizadas refleja que esta medición produce una deformación respecto a lo que se considera como calidad de enseñanza. Reduce el curriculum nacional, limita las prácticas pedagógicas de los profesores y simplifica un complejo proceso educativo integral a resultados que los alumnos obtienen en estas pruebas.

2) Promoción del mercado: La lógica del SIMCE es que los padres seleccionarían establecimientos educativos basados en los resultados de estas pruebas. Independientemente que se ha demostrado que esta lógica no funciona como promete, es decir, padres no valoran este tipo de pruebas como una fuente de información relevante para escoger un establecimiento, el mercado educacional ha sido profundamente perjudicial en Chile, aumentando la segregación escolar.

3) Daños a la salud de profesores y alumnos: Si bien existen muchos relatos públicos de profesores que dan cuenta como estas evaluaciones afectan su salud, tal como los que se encuentran en el portal de Alto al SIMCE, también hay algunas investigaciones que reflejan como estas pruebas elevan el estrés, los sentimientos de ansiedad y depresión en profesores y alumnos, especialmente en grupos vulnerables que no obtienen los resultados esperados.

La campaña Alto al SIMCE ha logrado generar un debate académico y político muy importante. Defensores del sistema han argumentado que el problema central del SIMCE no está en el instrumento, sino en el engranaje político donde este se ha insertado, por una inadecuada aplicación de su principio de rendición de cuentas o por la exacerbación del mismo, no favoreciéndose su valor para el aprendizaje y el desarrollo de capacidades de los profesores.

Por parte del gobierno, en los medios de prensa el argumento central ha sido que esta es una medición fundamental para orientar las políticas educativas, entregar recursos donde son más necesarios y apoyar a las escuelas según los resultados que estas obtienen. Ante el movimiento social de estudiantes de enseñanza secundaria que se han rehusado a rendir la prueba, e incluso ir al establecimiento el día que se realiza esta medición, autoridades del gobierno han reaccionado con molestia, señalando que esta medición no es un derecho democrático de los niños, enfatizando que la educación en Chile es responsabilidad fundamental de los padres.

Para nosotr@s el SIMCE no es un instrumento de medición, sino que representa un modelo de medición retrógrado, ineficiente y perjudicial para el contexto actual de Chile.

Quienes apoyan al instrumento SIMCE olvidan que las mediciones son parte de un modelo de evaluación y que toda evaluación es un juicio respecto a una práctica social, los cuales dan cuenta de valores que sostenemos y promovemos. Jennifer Greene explica tres formas en que las evaluaciones son permeadas por los valores que estas tienen: 1) El contexto social y político donde estas se realizan, que influyen en los propósitos y las audiencias de las evaluaciones. 2) Los diseños técnicos y metodologías que utilizamos dan cuenta de nuestras perspectivas éticas y políticas sobre cómo construimos conocimiento. 3) El rol y responsabilidades que tienen los evaluadores en la sociedad. El SIMCE, al igual que otros sistemas de rendición de cuentas, ha pretendido ser neutral, alejado de estos valores, negando su carácter profundamente político.

Una evaluación y una medición inscritas en principios de democracia, equidad y participación ciudadana exige replantearnos el rol que actualmente tiene la medición en Chile, reconocer los valores que existen en ella y permitir la participación de diferentes agentes sociales en el proceso de evaluación. En este sentido una evaluación para la democracia no sólo debe permitir que diferentes agentes sociales se expresen, tal como lo han hecho los estudiantes, sino que además implica que se respeten los valores de la equidad y democracia. El modelo neoliberal chileno está da pasos hacia una sociedad basada en derechos, ahora que la constitución de Chile ha sido sometida a juicio, resulta esencial que podamos concebir un modelo de evaluación alternativo al que tenemos, que considere atentamente la voz de los estudiantes y sea un apoyo efectivo para los profesores. Este 2014 la Campaña Alto al SIMCE no se detendrá y profundizará sus acciones, buscando también ayudar a colocar en la palestra la estandarización de la educación en las tres Américas.



Nota. Para mayor información y contacto con la Campaña Alto al SIMCE, puede visitar la página web www.alto-al-simce.org ; también “Alto al SIMCE” en Facebook, @unanvaeducacion en Twitter, o escribir directamente a altoalsimce@gmail.com

1 Psicólogo U. de Chile. Magíster en Cs. Humanas y Sociales U. París 10, Nanterre (Francia). PhD © en Educación UNICAMP (Brasil). Integrante de la Campaña Alto al SIMCE.

2 Psicólogo y Magister en Etnopsicología U. Católica de Valparaíso (Chile). Estudiante Doctoral en Políticas Educativas, Organización y Liderazgo, Universidad de Illinois Urbana-Champaign (EE.UU.) Adherente de la Campaña Alto al SIMCE.

3 Estudiante de quinto año de Pedagogía en Inglés y Vicepresidente 2013 de la Federación de Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Investigador del Centro de Estudios de la FECH e integrante de la Campaña Alto al SIMCE.

4 Una funa es un chilenismo que se usa para denunciar y movilizarse en contra de alguien o de una situación, teniendo una amplia utilización en el contexto de los juicios pendientes en derechos humanos luego de la dictadura militar.

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